¿A quiénes cuidan los cuidadores?
Pequeña bóveda de quien fuera el primer cuidador del cementerio de la Recoleta.
Para quienes no lo saben, el trabajo en el cementerio es desarrollado por dos grandes grupos de trabajadores, los cuales no solo se diferencian por sus condiciones de contratación sino también por sus tareas y funciones.
Así, los reconocidos como “sepultureros” representan a un conjunto muy amplio de puestos de trabajo, no todos los cuales se encargan de dar sepultura a los difuntos. Algunos, se ocupan de romper monumentos, de excavar pozos, de mantener limpios los caminos, de la atención al público (cocherías, familiares, etc.). También existen quienes se ocupan del crematorio. Todos ellos son empleados del municipio responsable de ese campo santo.
Por otra parte, están los conocidos como “cuidadores”. Ellos no son empleados municipales sino autónomos, privados. Suelen ser tantos como los otros. Aunque el trabajo que realizan es de mantenimiento de bóvedas, nichos o sepulturas; tres tipos de formato para el enterramiento.
Su tarea consiste en mantener limpios los bronces, las bóvedas (por dentro y fuera), o el pasto sobre las sepulturas de tierra. Son contratados por los familiares de los difuntos, por lo que mantienen con ellos una comunicación frecuente, personalmente o por teléfono. Es en este punto que se vuelven personas cercanas para quienes son habitués del cementerio. Los familiares comparten con ellos sus pesares, sus historias y llegan a construir lazos que suelen durar toda una vida!
la Historia de Luis
La historia de Gabriel
La historia de Sonia
Sobre las enfermedades de los Sepultureros
Bernardino Ramazzini, en su Tratado sobre las enfermedades de los trabajadores (año 1700), dedica un capítulo a los sepultureros. Los ubica dentro de los trabajos estigmatizados que se les adjudicaban a los esclavos, junto al de las minas y las cloacas.
Describe una serie de enfermedades propias, pero que seguramente estaban vinculadas a la pobreza: fiebres malignas, muerte repentina, estado de extrema desnutrición, fatiga y debilidad, retención de líquidos, catarros sofocantes. Y recomienda como prácticas preventivas: “que se enjuaguen la boca y la garganta con vinagre fuerte, y lleven en la mochila un pañuelo empapado en vinagre para restaurar el olfato y el espíritu; que dejen un momento abiertos los monumentos antes de meter el pie en ellos, para que, por poco tiempo, salgan las emanaciones encerradas; y que, acabado el trabajo y de vuelta a casa, se cambien de traje y pongan en el aseo cuanto empeño les permita su mísera condición”.